domingo, 9 de noviembre de 2014

Dos, tres, mil


Por cada tres gotas de lluvia caídas, dos corazones explotan de placer y tres se retuercen de dolor. Y tras esta secuencia de realidades exiliadas, todas las heridas de nuestro cuerpo y especialmente las más "amorosas", es decir, aquellas que fueron amor y ahora son (des)amor, aprovechan para reavivar su llama apagada y brotan para arder en cólera, haciendo que todo se torne aún más obscuro.

Y yo me pregunto: ¿por qué tres miserables gomitas de lluvia son capaces de viralizar un fenómeno como éste? ¿por qué el llanto sabe mejor aliñado de lluvia que tiznado de sol? 

Supongo que porque todo reside en nosotros. 

Ellos creían que era lluvia. 

Yo creo que son gotas de dolor que las nubes recogen y expulsan tras observar cómo 1.000 deseos acceden al exfolio de su esencia, y caen vencidos a su lecho, a su entierro. 





2 comentarios:

  1. Bonita metáfora.
    Por cierto, me encantan los juegos de los paréntesis, :).

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  2. Es una (muy) buena, y bonita, forma de verlo.

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